ESP
Hace unos días ví en TV una película titulada “La ragazza americana”. Cuenta las andanzas de una chica que vive en Estados Unidos y que un día recibe una carta de un notario de Arezzo, citándola en su despacho para tratar el tema de una herencia que le ha dejado su abuelo, un duque toscano. Y así, ella coge un vuelo a Roma, para después dirigirse a Arezzo. Se entera de que ha heredado un castillo y un antiguo barrio. Curiosa por descubrir sus raíces italianas, se dirige enseguida hacia el castillo y el barrio donde, en su opinión, la construcción de un gran hotel podría atraer el turismo. El barrio, muy bien cuidado, está habitado por un grupo de familias que de ella no quieren saber nada: el duque les ha dejado las casas y las actividades comerciales en usucapión y ellos, que lo han restructurado todo pagándolo de su bolsillo, no quieren que se las quede una americana que se presenta en Italia de un día para otro. Quieren que todo siga como está.

Justamente el reflejo de la mentalidad de este país: cambiar para no cambiar nada.
La idea es que, a pesar de nuevas leyes, nuevas propuestas, etc., al final no sucede nunca nada que realmente cambie las cosas.
“Para que todo siga igual, hace falta que todo cambie”, era una célebre frase pronunciada por Alain Delon en “El gatopardo”, famosa película basada en el libro del mismo nombre, también ambientado en Italia, sólo que a mediados del siglo XIX.
En Italia todo cambia para no cambiar nada. Era verdad entonces, como lo es ahora.

IT
Qualche giorno fa, ho visto in TV un film intitolato “La ragazza americana”. Racconta le vicende di una ragazza che vive negli Stati Uniti e che un giorno riceve la lettera di un notaio di Arezzo, convocandola nel suo studio per comunicazioni riguardanti un’eredità, lasciatale da suo nonno, un duca toscano. Così, lei prende un volo per Roma, per poi recarsi ad Arezzo. Apprende di aver ereditato un castello e un antico borgo. Curiosa di scoprire le sue radici italiane, si dirige subito verso il castello e il borgo aretino, dove, secondo lei, la costruzione di un grande albergo potrebbe attirare il turismo. Il borgo, che è tenuto benissimo, è abitato da un gruppo di famiglie che non vogliono saperne di lei: il duca ha lasciato loro le casette e i negozi in usucapione e loro, che le hanno ristrutturate a loro spese, non vogliono certo vedersele portar via da un’americana piombata in Italia. Vogliono che tutto rimanga così come è.

Proprio il riflesso della mentalità di questo Paese: cambiare per non cambiare nulla.
L’impressione è che, nonostante nuove leggi, nuove proposte e quant’altro, alla fine non accade mai nulla che cambi davvero le cose.
“Affinché tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi” era una celebre frase pronunciata da Alain Delon ne “Il Gattopardo”, famoso libro e film, anche questo ambientato in Italia, ma a metà dell‘800.
In Italia cambia tutto per non cambiare nulla. Era vero allora, come lo è ancora oggi.

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