El término “movida” en España ha evocado durante largo tiempo la idea de distritos urbanos de la creatividad y la sociabilidad, a partir de la vibrante Madrid post-franquista. Locales y espacios públicos constituían lugares para organizar encuentros, tejer relaciones, intercambiar opiniones. Un modo de compartir que favorecía la explosión de creatividad y el nacimiento de proyectos concretos de empresa, desde el cine hasta las artes figurativas, de la moda a las nuevas tecnologías.

Por tanto, en principio la movida se percibe como un recurso para volver vital la ciudad, además de generar valor social y económico. Una parábola ascendente.

En Italia, por el contrario, a este concepto se le ha dado la vuelta por completo.
La movida italiana está relacionada con el consumo desmedido de alcohol y estupefacientes, y con comportamientos antisociales, la alteración del orden público y el vandalismo. Dominan el panomara mediático sólo excesos y desorden. En primera página se habla de peleas que terminan en sangre y accidentes fatales a la salida de las discotecas. Una parábola descendiente.

La malamovida genera la demanda de medidas drásticas para evitar que enjambres de jóvenes alterados se adueñen de las ciudades, transformándolas en un infierno. La prohibición de venta de alcohol a menores por sí misma no produce resultados.

Por un lado, ordenanzas que imponen el volumen de la música y horarios de cierre, y protestas de ciudadanos que no pueden dormir. Por otro lado, jóvenes, gestores de bares y locales que reivindican el derecho a divertirse, socializar y hacer que el dinero se mueva.

Entre las medidas propuestas está la de transformar los lugares de diversión en punto de iniciativas espontáneas para un ocio responsable y de calidad. Ideas que pueden nacer también desde abajo, de los ciudadanos o los comerciantes. Por ejemplo, las manifestaciones enogastronómicas basadas en productos locales, eventos culturales unidos a espacios urbanos, como espectáculos teatrales y conciertos itinerantes.

La gente tiene derecho a cultivar relaciones sociales, estar juntos y vivir momentos recreativos. La ciudad debe permitirlo y ofrecer ocasiones de hacerlo de manera sana.
Movida sí, entonces, pero buena.

IT

Movida sì, movida no

Il termine “movida” in Spagna ha evocato per lungo tempo l’idea di distretti urbani dell’inventiva e della socialità. Esercizi e spazi pubblici costituivano i luoghi per fare incontri, tessere relazioni, scambiare opinioni. Questa condivisione favoriva un’esplosione di creatività e la nascita di concreti progetti d’impresa, dal cinema alle arti figurative, dalla moda alle nuove tecnologie.

In principio, dunque, la movida è percepita come una risorsa per rendere la città vitale nonché generare valore sociale ed economico. Una parabola ascendente.
In Italia, invece, questa concezione è stata ribaltata.

La movida italiana è legata al consumo smodato di alcol e stupefacenti e a pratiche antisociali, dal disturbo della quiete pubblica a forme di vandalismo. A dominare il panorama mediatico sono solo eccessi e sregolatezza. Le prime pagine si nutrono di risse sfociate nel sangue e incidenti fatali all’uscita dalle discoteche. Una parabola discendente.

La malamovida genera la richiesta di misure drastiche allo scopo di evitare che sciami di giovani alterati si possano impadronire delle città, trasformandole in un inferno. La proibizione di vendere alcolici a minorenni da sola non produce risultati.

Da una parte, ordinanze che impongono il volume della musica e orari di chiusura, e proteste di cittadini che non riescono a dormire. Dall’altro lato della barricata si schierano ragazzi, gestori di bar e locali che rivendicano, rispettivamente, il diritto di divertirsi negli spazi urbani e mantenere il giro d’affari.

Tra le misure suggerite c’è la proposta di rendere i luoghi del divertimento epicentro d’iniziative spontanee per uno svago responsabile e di qualità. Idee che possono nascere anche dal basso, dai cittadini o dagli stessi esercenti. Ne sono esempi le manifestazioni enogastronomiche basate su eccellenze locali, eventi culturali legati agli spazi urbani, come spettacoli teatrali e concerti itineranti.

La gente ha diritto a coltivare relazioni sociali, stare insieme e vivere momenti ricreativi. La città deve permetterlo e offrire occasioni per farlo in maniera sana.
Movida sì, allora, ma buona.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.