(Spanish only)

Si alguno de vosotros ha tenido la oportunidad de volar de España a Italia, habrá notado la curiosa costumbre que los italianos tienen de palmotear cuando aterriza su avión, mientras los españoles (primerizos) se quedan boquiabiertos, sintiendo vergüenza ajena y sin saber qué hacer ante tal ocurrencia.

¿Acaso les regalarán algo a la llegada? No.
¿Acaso no nos alegramos todos cuando llegamos sanos y salvos a nuestro destino?

Podría decirse que es una manera de celebrarlo, sobre todo si se tiene cierto temor a volar.
¿Pero de verdad merece un piloto que lo aplaudan por hacer su trabajo?
La verdad es que la experiencia es espeluznante si te paras a pensarlo: tener bajo su responsabilidad la vida de los pasajeros, a 10.000 metros de altura, con turbulencias, bebés berreando, móviles sin apagar, posibles terroristas…
Las opiniones están divididas ante tal “reconocimiento”. Unos lo consideran una muestra de incultura por parte de los aplaudidores, mientras ellos consideran a los anti-aplaudidores unos estirados.

El aplauso en nuestra sociedad es una especie de visto bueno y en una aeronave se puede considerar un homenaje al piloto y la tripulación por un viaje agradable y sin incidentes. Entonces, ¿por qué aplaudir a un piloto y no a un maquinista de tren o un taxista, si es mayor la probabilidad de morir en una carretera? Además, ¿no estaban insonorizadas las cabinas de pilotaje?

Cada vez hay más personas que demandan la existencia de vuelos “clappinfree”.
Todo este circo siempre me ha hecho sentir ridícula. Incluso en un vuelo de Vueling los pasajeros tuvieron que cantarle el cumpleaños feliz a una azafata porque dijeron por el interfono que era su cumpleaños. Ya no basta con aplaudir, ahora también hay que cantar… ¡A la próxima me bajo con el avión en marcha!

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