Que la vida es cara, no es ningún secreto, sobre todo si vives en una ciudad turística, donde el precio de la vivienda se puede disparar. Asumes que puede resultar caro vivir en París o Nueva York, aunque no los conozcas ni hayas estado nunca. Pero lo que nadie se imagina antes de venir aquí es que la vida en Italia sea tan cara como en el Reino Unido o Suecia. En los países nórdicos sería lógico pensar que hay calidad de vida a pesar de los precios altos, pero porque los sueldos son igualmente altos. No es que yo haya visto mucho del resto del mundo, pero el caso de Italia es, en mi opinión, desconcertante. Los sueldos son más o menos como en España, pero no el coste de la vida. Lo ilustraré con dos simples fotos.

En la primera podéis ver los precios que han alcanzado los combustibles. Ahí está: el litro de gasolina sin plomo a 2 €, si bien es cierto que esta foto fue tomada cuando alcanzó su precio máximo, ahora cuesta un poco menos. Y pensar que en España se quejan porque se paga el litro a 1,40… Sinceramente no puedo entender cómo los italianos pueden costearse esa conducción temeraria de adelantamientos relámpago y frenazos que chupan como si nada el combustible.
La segunda foto muestra un puesto de verdura en un mercado. No te frotes los ojos, has visto bien. Los tomates de la izquierda a 7,50 € el kilo, y ni siquiera tienen muy buen aspecto que digamos.

Los estudiantes y sus familias lo tienen difícil en este sentido. Encontrar habitación de alquiler en piso compartido se puede poner entre 250 € al mes + gastos si comparte habitación con otra persona y 400 € al mes + gastos si se trata de una habitación individual. Y estamos hablando de una cama, no de un piso entero. ¡Por ese precio en mi pueblo alquilas una casa amueblada de 200 metros cuadrados!

Recuerdo que antes, cuando querías llorar fuera de casa, te ibas al cine a ver Lassie, Titanic o Love Story. ¡Ahora para llorar hay que ir al supermercado!
A la hora de hacer la compra piensas que igual están gastando una broma con cámara oculta, a la vez que tienes un amago de infarto mientras miras los precios en las estanterías, a tal punto que te dan ganas de pedir el desfibrilador.

Las alternativas low cost existen. Una de ellas es la de alimentarse mal a base de arroz y pasta, que cuestan poco, como hacen la mayoría de estudiantes universitarios, con el riesgo añadido de engordar demasiado por excesiva ingestión de carbohidratos.
Otra solución es la de evitar las tiendas de barrio y supermercados pequeños y optar por comprar en el Lidl, que tiene precios razonables, más próximos a los de España.

Otra alternativa, que sin embargo requiere tiempo y energías, es la de ir a la caza de ofertas. En casa hojear los folletos de cada supermercado y anotar qué cosa vale menos y dónde. Con las ofertas super-convenientes hay que estar atento e ir a por ellas el primer día a la hora de apertura, si no enseguida se agotan. Desde que estoy en Italia me he hecho experta en cazar ofertas.

Antes de la entrada en vigor del euro estuve unos días en Roma allá por 1995 y, aunque ya entonces no era una ciudad barata, recuerdo perfectamente que todo era mucho más asequible. Está claro que el paso al euro se ha gestionado mal. Para nosotros un euro equivalía a 166 pts. Para un italiano eran nada menos que 1936 liras, con lo cual tenían la sensación de estar gastando poco y eso ha hecho que los gestores comerciales inflaran los precios a su antojo.
¡Ay, Mercadona! Cuánto te echo de menos…

IT
Prezzi da infarto
Che la vita sia costosa, non è un segreto, soprattutto quando abiti in una città turistica, dove il prezzo delle abitazioni raggiunge cifre da capogiro. Sai che può essere costoso vivere a Parigi o New York, anche se non li conosci e non ci sei mai stato. Ma nessuno riesce ad immaginare prima di venire qui che il costo della vita in Italia sia tanto alto quanto nel Regno Unito o Svezia. Nei Paesi nordici è logico che ci sia qualità della vita nonostante i prezzi alti, ma è dovuto al fatto che gli stipendi sono altrettanto alti. Non è che io abbia visto molto del resto del mondo, ma il caso dell’Italia è, a mio avviso, sconcertante. Gli stipendi sono più o meno come in Spagna, ma non certamente il costo della vita. Lo vorrei illustrare con due semplici fotografie.

La prima mostra i prezzi che ha raggiunto la benzina: la senza piombo a 2 € al litro, anche se questa foto corrisponde al periodo in cui costava di più, adesso costa un po’ meno. Pensa che in Spagna si lamentano perché il litro costa 1,40… A dire il vero non riesco a capire come mai gli italiani si possono permettere di guidare in quel modo temerario a base di sorpassi-lampo e frenate che si mangiano la benzina come fosse niente.
La seconda foto mostra una bancarella di verdure in un mercato. Non sfregarti gli occhi, hai visto bene. I pomodori sulla sinistra a 7,50 € al chilo, e non hanno nemmeno un bell’aspetto.

Gli studenti e le loro famiglie se la vedono brutta in questo senso. Trovare una stanza in affitto in un appartamento condiviso va dai 250 € al mese + spese se la stanza è condivisa con un’altra persona, e 400 € al mese + spese se si tratta di una camera singola. E parliamo di un posto letto, non di un appartamento intero. Per quel prezzo nel mio paese si può affittare una casa ammobiliata da 200 mq!

Mi ricordo che prima, quando volevi piangere fuori casa, andavi al cinema a vedere Lassie, Titanic o Love Story. Adesso per piangere bisogna andare al supermercato!
Quando fai la spesa, credi che magari si tratta di uno scherzo del tipo candid camera, quando hai un principio di infarto mentre guardi i prezzi sugli scaffali e ti viene voglia di chiedere il defibrillatore.

Le alternative low cost esistono. Una di loro è nutrirsi male, a base di riso e pasta, che costano poco, come fa la maggior parte degli universitari, con il rischio di ingrassare troppo a causa dell’eccessiva ingesta di carboidrati.
Un’altra soluzione è evitare i negozi di quartiere e piccoli supermercati, e scegliere di comprare alla Lidl a prezzi ragionevoli, più vicini a quelli della Spagna.

Un’altra alternativa, che però richiede tempo ed energie, è andare a caccia di offerte. A casa sfogliare i dépliant di ogni supermercato e prendere nota di ciò che costa meno e dove. Con le offerte super-convenienti bisogna stare attenti e andare a prenderle il primo giorno all’apertura del negozio, altrimenti si esauriscono subito. Da quando sono in Italia sono diventata esperta cacciatrice di offerte.

Prima dell’entrata in vigore dell’euro sono stata per alcuni giorni a Roma nel ’95 e, anche se allora non era neanche una città a buon mercato, mi ricordo perfettamente che tutto era molto più conveniente. E’ chiaro che il cambio all’euro è stato gestito male. Per noi un euro erano 166 pesetas. Per un italiano niente meno che 1936 lire, perciò avevano la sensazione di spendere poco, e ciò ha fatto sì che i gestori commerciali gonfiassero i prezzi a volontà.
Mercadona, quanto mi manchi…

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