Los numerosos palacios venecianos, más o menos abiertos a la fruición pública, se acaban de enriquecer con la apertura de Palacio Grimani, conocido en el siglo XVI por su colección de estatuas de mármol antiguas donadas por su propietario, Giovanni Grimani, a la República Serenísima en 1587.

Tras 20 años de trabajos de restauración que pusieron fin a casi un siglo de degradación, el Palacio Grimani reabre sus puertas a un reducido número de visitantes.

Los Grimani era una antigua y poderosa familia patricia veneciana que contaba entre sus miembros con un papa, un patriarca y dos cardenales.

Inicialmente se había pensado en reintegrar en el edificio las 130 estatuas donadas por Giovanni, pero tras los trabajos de restauración se comprobó que los pavimentos no habrían resistido tamaño peso y se decidió que el palacio fuese, por así decir, el museo de sí mismo.

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