Hace seis años y medio que vivo en Italia. Me he encontrado con gente española y latinoamericana que fue alfabetizada en español, cuyas familias y demás compatriotas hablan español, que vivió en países de habla hispana desde su nacimiento hasta su edad adulta; pero que después de pasar una temporada en Italia, sufre de una especie de hispano-amnesia y comienza a echar mano de un nuevo idioma: el itañol o itagnolo, una palabra que, por el momento, no existe ni en la gramática española ni en la italiana. Dicen algunos que el itañol (como el futuro) no existe. Pero existe, vaya si existe.

¿Y qué es el itañol? Es algo así como la costumbre de mezclar indiscriminadamente términos en español con otros en italiano. Italianizar palabras hispanas o españolizar palabras en italiano. Quien vive en Italia o ha pisado alguna vez esta tierra por un tiempo más o menos largo, sabe bien a lo que me refiero. Decir cosas como “me gustan las mandorlas” (mandorla=almendra), “colacionar” (desayunar) o “fregare los platos” en lugar de “lavar”, por no hablar de la pareja de falsos amigos subir/salir.

Muchos recurren a esta práctica cuando comienzan a aprender italiano, porque no conocen todavía bien el idioma y cualquier término les viene primero de manera natural en su lengua materna. Pero son los menos. La mayoría lo hace de forma deliberada. Sin embargo, es un arma de doble filo, porque para aprender la lengua como es debido, hay que quitarse de encima el “itañol” y dejarlo solo el “italiano”. Del mismo modo, quien usa el español en su trabajo tiene que tener cuidado de que no se le cuelen italianismos e itañolismos. Por poner un ejemplo, una batalla constante para mí es la de las palabras que en español se escriben con h y en italiano no: hematoma, hemorragia, hidratante, higiene, hispano, … en italiano son iguales pero van sin h, así como algunos nombres de persona (Hilario, Hugo, Humberto).

Quien no ha estado nunca en Italia ni ha estudiado el idioma siempre dice: “El italiano tiene que ser fácil, es muy parecido al español”, pero precisamente el hecho de ser parecidos da lugar a grandes confusiones. Es cierto que hay palabras iguales y otras que se parecen solamente en el físico, como el “burro” que es “mantequilla” o “guarda”, que significa “mira”.
Todavía no puedo decir que yo lo hable perfectamente y lo noto también en otros españoles y sudamericanos cuyo italiano es más macarrónico que el mío, a pesar de que llevan más tiempo aquí que yo.
Y claro, esto también pasa a la inversa. Por ejemplo, la comunidad italiana en Barcelona es muy grande y también acaban hablando su itañol.

Pero ser itañol es algo más que crear un idioma híbrido, es un estilo de vida, una manera de ser, pensar y comportarse. El itañol puede presumir de pensar en dos idiomas y tener dos personalidades (buenas las dos, en cualquier caso). El itañol tiene una mente estructurada y permeable. Mucho más si cabe el que es hijo de italiano con español y bilingue de nacimiento. Vive a caballo entre dos realidades, lo cual facilita el intercambio y la mezcla de costumbres de vida. Bien es cierto que muchos se sienten españoles en Italia e italianos en España. Elegir ser ciudadano itañol es un acto de consciencia.

IT
Cosa significa essere itagnolo?
E’ da sei anni e mezzo che vivo in Italia. Ho trovato delle persone spagnole e latinoamericane che hanno imparato a leggere e scrivere in spagnolo, i cui parenti e connazionali parlano spagnolo, che hanno vissuto in paesi di lingua spagnola sin dalla nascita, ma che dopo un certo tempo in Italia hanno una specie di ispano-amnesia e cominciano ad adoperare una nuova lingua: l’itagnolo, parola che, per ora, non c’è sul vocabolario, né spagnolo né italiano. C’è chi dice che l’itagnolo (come il futuro) non esiste. Ma esiste, eccome.
Ma cos’è l’itagnolo? E’ l’abitudine di mescolare termini in spagnolo con altri in italiano. Italianizzare parole ispaniche o spagnolizzare parole italiche. Chi abita in Italia oppure ha messo piede in questo paese sa bene a cosa mi riferisco. Dire cose come “mandorlas”, “colazionare”, o “fregare” al posto di “lavare”, per non parlare dell’intramontabile “subir/salir”.
Molti fanno così quando cominciano a imparare l’italiano perché ancora non conoscono bene la lingua e qualsiasi termine viene più naturale nella propria madrelingua. Quasi tutti lo fanno di proposito, ma è un arma a doppio taglio. Per imparare la lingua come si deve, bisogna togliersi di dosso l’itagnolo e lasciare soltanto l’italiano. Così come, chi usa lo spagnolo nel lavoro, deve fare attenzione a non far entrare italianismi e itagnolismi. Per fare un esempio, io sono in continua lotta con quelle parole che in spagnolo hanno l’H iniziale e in italiano no: hematoma, hemorragia, hidratante, higiene, hispano… così come alcuni nomi: Hilario, Hugo, Humberto…
Chi non è mai stato in Italia né ha studiato la lingua pensa: “L’italiano deve essere facile, è molto simile allo spagnolo”, ma è proprio questo fatto a provocare confusioni. E’ vero che esistono parole identiche e ce ne sono altre che di simile hanno solo l’apparenza, come “burro”, che per uno spagnolo è un asino.
Io non posso ancora affermare di saperlo parlare perfettamente, così come percepisco in altri spagnoli e sudamericani, il cui italiano è più maccheronico del mio, pur essendoci qui da molto più tempo rispetto a me. Questo, appunto, succede anche agli italiani in Spagna. Per esempio, la comunità italiana a Barcellona è molto grande e pure finiscono per parlare il loro itagnolo.
Ma essere itagnoli è molto più che inventare una lingua ibrida, è uno stile di vita, un modo di essere, pensare e comportarsi. L’itagnolo può vantarsi di essere in grado di pensare in due lingue diverse e avere una doppia personalità (comunque buone tutte e due). L’itagnolo ha una mente strutturata e permeabile. I figli di coppie italiano-spagnolo ancora di più. Vive in due mondi, il che facilita lo scambio di tradizioni e stili. E’ ben vero che molti si sentono spagnoli in Italia e italiani in Spagna. Scegliere di diventare cittadino itagnolo è un atto di consapevolezza.

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