El título recuerda la sintonía del anuncio de una famosa marca española de turrones y, de hecho, durante años se ha quedado como eslogan de los que están fuera sean cuales sean las circunstancias: volver a casa por Navidad, como el turrón El Almendro.

Para poder viajar en Navidad hay que empezar a organizarse ya en el mes de octubre como mínimo, recogiendo los “pedidos” de amigos y familiares que quieren que les lleves algo concreto de Italia. Igualmente hay que ir anotando las cosas que te quieres traer de tu ciudad y los “pedidos” de la gente de aquí que quiere algo español. Al final, entre la ida y la vuelta, la maleta terminará por contener regalos en su mayor parte. Muchos españoles vuelven con las maletas, o el maletero quien va en coche, llenos de productos “made in Spain”, incluso jamones enteros, a lo Alfredo Landa en “Vente pa’ Alemania, Pepe”, que se presenta en Alemania con el hato de embutidos de su pueblo. Al principio yo también me venía con cosas de comer en la maleta: los polvorones, las pipas… pero ahora lo hago cada vez menos.

También es en el mes de octubre cuando hay que empezar a mirar precios, horarios y fechas para viajar. Cuanta más antelación se tome para reservar billetes, menos costarán. Si se espera a hacerlo cuando falta poco tiempo, se corre el riesgo de que ya no queden plazas o que los precios sean exhorbitados. Es lo que tiene volar, al contrario del tren o el autobús no hay precio fijo para los billetes. Una persona puede haber pagado 800€ por el mismo viaje que está haciendo su vecino de asiento, que ha pagado 60€. Y las plazas son siempre muy limitadas. Un avión, por muy grande que sea, nunca podrá transportar tantos pasajeros a la vez como un tren y las rutas aéreas son las que son. Un avión no es algo que tengas aparcado en la puerta de tu casa para montarte cuando quieras.

Las compañías además cambian las rutas continuamente, quitando las de menos éxito entre los pasajeros y añadiendo otras para las que hay más demanda. Y lo mismo pasa con los trenes. Al principio estaba más entusiasmada porque tenía mejores combinaciones. El trayecto que más me convenía era Verona-Madrid y, a pesar de que los aviones iban siempre llenos, acabaron por quitar el vuelo directo, no por culpa de la compañía, sino por el aeropuerto, que no quiso renovar el contrato. Un mazazo para los que estamos por el Triveneto, que ahora nos toca ir hasta Bolonia, Bergamo o Venecia, como muy cerca, a pesar de que los periódicos dijeron en su momento que la supresión de ese vuelo no afectaba para nada a los viajeros de la zona. ¡Y una leche!

Poco después, saltó también la noticia de que iba a desaparecer la ruta Milán – Santiago de Compostela, que es el vuelo que coge la gran mayoría de españoles de Galicia, Asturias y alrededores. En ese momento se desató todo un debate-preocupación en las páginas de Facebook. La crisis, como excusa perfecta para todo.

Por suerte las nuevas compañías de bajo coste han facilitado algo las cosas. Al principio tenía desconfianza al respecto, en parte por las críticas que circulan por la red y en parte porque las agencias de viajes lo desaconsejan vivamente (claro, ellos miran sus intereses): que si parece el camión del ganado, que si los asientos son estrechos, y un largo etc. Hasta que una vez decidí probar con Ryanair porque no tenía otra alternativa.

A mí sinceramente no me parece que esté tan mal, yo por lo menos hasta ahora no he tenido nunca un problema con ellos, solamente hay que informarse bien de las condiciones que establecen: las medidas y el peso del equipaje de mano (si exceden, pagas un extra), imprimir la tarjeta de embarque desde casa (si no lo has hecho, pagas un extra), conformarte con cualquier asiento libre (si quieres reservar uno determinado, pagas un extra). Por eso, en cuanto abren las puertas, la gente entra “al ataqueeee!!”, para coger los mejores sitios, sobre todo los que son varios y quieren estar juntos. Siempre han sido puntuales, los aviones son nuevos y los asientos tienen medidas más que aceptables, no me parecen tan estrechos (los he visto más estrechos), tal vez sea porque no soy muy robusta…

La unica pega que pongo es ese mercadillo ambulante, en el que cada diez minutos te anuncian algo por megafonía: lotería rasca y gana, tarjetas telefónicas, incluso calendarios sexys. Y las pobres azafatas (y azafatos) paseando arriba y abajo por el avión ofreciendo la mercancía… Lógicamente si has pagado 80€ por el mismo vuelo que te costaría 400€ con Iberia, no puedes pretender un servicio de lujo. En cualquier caso, se ha convertido en la mejor opción para expatriados y paletos de provincias, como yo.

IT
Torna a casa, torna…
Il titolo fa riferimento allo spot di un famoso marchio spagnolo di torroni, il quale è diventato per anni il motto di coloro che, per qualsiasi motivo, sono lontani da casa: tornare a casa per Natale, come il torrone.

Per poter viaggiare nel periodo natalizio, occorre organizzarsi come minimo dal mese di ottobre, raccogliendo le “ordinazioni” di amici e parenti spagnoli che desiderano avere qualcosa dall’Italia, e da chi, vivendo in Italia, desidera qualcosa dalla Spagna. Così, sia all’andata che al ritorno, il contenuto della valigia sarà fatto soprattutto di regali (oppure accessori per la casa). Tanti spagnoli tornano in Italia con i bagagli, o portabagagli per chi ci va in macchina, pieni di prodotti “made in Spain”, persino dei prosciutti. Prima anch’io facevo così, portavo con me alcuni cibi… ma ora lo faccio sempre meno.

E’ anche nel mese di ottobre che bisogna cominciare a guardare tariffe, orari e date di viaggio. Più in anticipo si prenota, meno costa. Aspettare a farlo quando manca poco vuol dire rischiare di non trovare più posto, o a prezzi proibitivi. Volare è così, al contrario del treno o il pullman non ci sono prezzi fissi. Una persona magari ha pagato 800€ per lo stesso viaggio che fa il suo vicino di posto che invece ne ha pagati 60€. E i posti sono sempre molto limitati. Un aereo, grande o piccolo che sia, non potrà mai trasportare tanti passeggeri come un treno, e poi le tratte sono quelle che sono. Un aereo non si può parcheggiare davanti a casa per salire quando vuoi.

Le compagni aeree cambiano le tratte in continuazione, togliendo quelle meno vantaggiose e aggiungendo delle altre con un alto tasso di domanda. E altrettanto succede ai treni. All’inizio ero molto entusiasta, anche perché c’erano combinazioni migliori. La tratta più conveniente era Verona-Madrid e, malgrado gli aerei fossero sempre pieni, finirono per sopprimere il volo diretto, non per colpa della compagnia, ma perché l’aeroporto non ha rinnovato il contratto. Una mazzata per coloro che siamo nel Triveneto e adesso ci tocca andare a Bologna, Bergamo o Venezia, nonostante i giornali affermassero che la soppressione di questo volo non colpiva per niente i viaggiatori della zona. E un cavolo!

Poco tempo dopo, avevano detto che pure la tratta Milano-Santiago de Compostela sarebbe stata soppressa. In quei giorni si è scatenato un grande dibattito-preoccupazione sulle pagine di Facebook da parte degli spagnoli del nord-ovest che provengono dalla Galizia e le Asturie. La crisi, la scusa perfetta.
Per fortuna, le nuove compagnie low cost hanno agevolato un po’ la situazione. All’inizio ero diffidente a riguardo, in parte per le critiche che girano in rete e in parte dalle agenzie di viaggi che lo sconsigliano vivamente (certo, loro guardano i propri interessi): “sembra il carro del bestiame, i sedili sono stretti”, ecc. Fino a quando mi sono decisa a provare con Ryanair perché non avevo alternative.

A mio avviso non è poi così male, non ho mai avuto problemi, soltanto bisogna conoscere bene la loro politica: le dimensioni e peso del bagaglio a mano (se non sono dentro i parametri, paghi un extra), stampare la carta d’imbarco da casa (se non l’hai fatto, paghi un extra), accontentarti di un posto libero qualunque (se desideri prenotare un certo posto, paghi un extra). Per questo motivo, non appena sono aperti i cancelli, tutti quanti si precipitano verso l’entrata per prendere i posti migliori, soprattutto chi viaggia in compagnia e vogliono sedersi accanto.
Sono sempre stati puntuali, i velivoli sono nuovi e i sedili hanno misure accettabili, a me non sembrano così stretti (ne ho visti ancora di più stretto), forse perché io non sono molto robusta…

Ciò che meno mi piace è che quel mercatino ambulante, dove ogni dieci minuti ti vendono qualcosa: gratta e vinci, schede telefoniche, perfino dei calendari sexy. E le povere hostess (e assistenti di volo) su e giù per l’aereo offrendo della merce…
Appunto, se hai pagato 80€ per lo stesso volo che con l’Alitalia sarebbe costato 400€ non puoi pretendere un servizio di lusso. Comunque, è diventata l’opzione migliore per noi, provinciali in espatrio.

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